Carta desde una habitación de hospital
Salud y recuperación
Hola:
Te escribo desde una cama de hospital, con la luz de la ventana entrando de lado y un suero colgado al lado. Llevo aquí bastante tiempo. Mi cuerpo no funciona como debería y hay días en que eso me da una rabia inmensa.
He pensado mucho en la muerte en estas semanas, más de lo que quiero reconocer. Pero también he aprendido algo que no sabía antes: hay una diferencia enorme entre querer que pare el dolor y querer desaparecer. A veces las dos cosas se confunden, sobre todo cuando llevas muchos días sin dormir bien.
Si estás enfermo o enferma, o si llevas mucho tiempo con dolor, quiero que sepas que tu cansancio es lógico. No te has vuelto débil. Estás librando una pelea larga con un cuerpo que no colabora, y eso desgasta a cualquiera.
Tres cosas que me están ayudando:
Una: hablar del dolor con alguien que no intente arreglarlo. A veces no necesito soluciones, necesito testigos.
Dos: dividir el día en trozos muy pequeños. «Hasta las once». «Hasta la comida». «Hasta que venga la enfermera». Las veinticuatro horas enteras son demasiado.
Tres: pedir ayuda psicológica. En mi caso la pidió mi médico y yo dije que sí con la boca pequeña. Ha sido una de las mejores cosas que he hecho. Nadie debería atravesar esto solo con la cabeza, además del cuerpo.
No sé cómo va a terminar mi historia. Pero hoy estoy aquí, tomando el sol que entra por la ventana, y eso me parece suficiente para hoy.
Si tú también estás en una habitación, en una cama o en un sofá sin fuerzas: no tienes que ser valiente todo el rato. Solo tienes que aguantar hasta la próxima hora. Y luego la siguiente.
Te mando la luz que entra por mi ventana,
— L., 41 años
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.