Para el día en que no te reconoces en el espejo
Depresión
Hola:
Hay una parte de la depresión de la que casi nadie habla: la de dejar de reconocerte. Mirarte al espejo y ver a alguien más lento, más apagado, más viejo. Ver cómo se te van cayendo las cosas que te gustaban y no saber en qué momento las soltaste. Notar que ya no te ríes igual y pensar: ¿cuándo me convertí en esta persona?
Yo pasé tres años así. No estaba triste todo el rato. Estaba plano. Como si el mundo hubiera perdido el volumen y los colores. Y lo peor no era el dolor: era la indiferencia. No tener ganas de nada, ni siquiera de las cosas que antes me hacían feliz.
Quiero decirte algo importante: eso no eres tú. Eso es la enfermedad hablando con tu voz. La depresión es una mentirosa con mucho tiempo libre, y su especialidad es convencerte de que siempre has sido así y siempre lo serás.
La segunda cosa que quiero decirte es que esto se trata. No con fuerza de voluntad, ni con positividad, ni con consejos de gente que nunca ha estado ahí. Se trata con ayuda profesional: psicología, y en muchos casos también psiquiatría. Igual que se trata una pierna rota. Nadie te pide que corras con la pierna rota.
Pedir cita con un profesional fue lo más difícil que he hecho y, a la vez, lo que me devolvió a mí mismo. No fue rápido. No fue una línea recta. Pero volví. Vuelvo cada día.
Mientras tanto, hoy solo tienes que hacer lo mínimo: comer algo, beber agua, salir cinco minutos a la calle, no tomar ninguna decisión definitiva. Lo demás puede esperar.
No estás roto para siempre. Estás enfermo y cansado. Y eso, aunque no lo parezca desde dentro, tiene salida.
Con esperanza, aunque hoy no la sientas,
— Diego
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.