Un lunes cualquiera, a las siete y veinte de la mañana
Esperanza
Hola:
Te escribo un lunes, que es el día en el que todo el mundo dice que las cosas empiezan. Yo he empezado muchas veces en lunes. Y casi siempre he fracasado, porque esperar a que llegue el lunes para empezar a estar mejor es como esperar a tener ganas para hacer las cosas. Al final no llega nunca.
Lo que sí me ha funcionado es algo mucho más pequeño: empezar a las siete y veinte de un lunes cualquiera, en la parada del autobús, con el café en la mano.
Hoy he salido de casa y he visto que el panadero de la esquina estaba barriendo la acera. Una señora mayor le ha dicho buenos días y él ha levantado la mano. Hay un perro que espera todos los días a que pasen los niños del colegio para que le hagan una caricia. Hoy hacía un aire que olía a mar.
Nada de eso me ha arreglado la vida. Pero me ha dado algo que necesitaba: la sensación de que el mundo sigue funcionando, y de que yo formo parte de él aunque hoy no me sienta bien.
Si estás leyendo esto en un momento oscuro, quizá no puedas salir a la calle ni mirar por la ventana. Lo entiendo. Pero si en algún momento de las próximas horas puedes hacer algo mínimo —abrir la ventana, beber agua, poner una canción, ponerte los zapatos—, hazlo. No porque eso te cure, sino porque le dice a tu cabeza que todavía estás conduciendo.
Y cuando puedas, pide ayuda de verdad. A un amigo, a tu médico, a un teléfono de crisis. Yo tardé demasiado en hacerlo porque pensaba que molestar era peor que estar mal. Me equivocaba.
Nos vemos en la parada del autobús.
Un abrazo de lunes,
— Alguien que vuelve a casa andando
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.