Sobre las razones pequeñas
Esperanza
Hola:
Cuando yo estaba mal, la gente me decía cosas enormes: «la vida es un regalo», «tienes mucho por lo que vivir», «piensa en tu futuro». Y yo pensaba: no me conoces. No tengo fuerzas ni para pensar en el futuro, que me hablen de la vida entera me aplasta.
Lo que sí me ayudó fue lo pequeño.
Quedarme un día más para ver si salía la flor del jazmín de mi vecina. Quedarme un día más para escuchar el disco que me recuerda a mi abuela. Quedarme un día más para tomarme un café con leche en la terraza de abajo, con el sol de la mañana en la cara, sin hablar con nadie. Quedarme un día más para terminar la serie que empecé con mi hermana.
No eran razones para vivir el resto de mi vida. Eran razones para vivir hasta el martes. Y el martes, cuando llegó, encontré otra.
Hoy tengo una lista en el móvil que se llama «cosas que no me quiero perder». Hay cosas muy tontas: el primer día de frío, el pan recién hecho, los perros que se alegran de verte, la canción que me pone de buen humor aunque esté triste. No es una lista de metas. Es una lista de instantes. Y funciona mejor que cualquier discurso.
Si ahora mismo no encuentras una razón grande, no la busques. Busca una pequeña. Una que quepa en las próximas veinticuatro horas. Vale el agua caliente en los pies. Vale escribir una línea en un cuaderno. Vale quedarte a ver qué pasa.
No tienes que salvarte de una vez para siempre. Solo tienes que llegar al siguiente día. Y luego ya veremos.
Con cariño desde una terraza cualquiera,
— Marta, 34 años
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.