Para quien tiene que fingir que está bien
Soledad
Hola:
Durante dos años fui la persona más divertida de mi oficina. Preguntaba por los fines de semana de los demás, organizaba las comidas de cumpleaños, hacía chistes en las reuniones. Y todos los días, al llegar a casa, me sentaba en el sofá sin quitarme los zapatos y me quedaba ahí, quieto, durante horas.
Fingir cansa mucho más de lo que parece. Sostener la cara amable mientras por dentro te estás cayendo es un trabajo a jornada completa, y nadie te lo reconoce.
Si tú también haces eso, quiero que sepas dos cosas.
La primera: no eres un mentiroso. Estás sobreviviendo con las herramientas que tienes. Fingir es una forma de aguantar, y aguantar es una forma de quedarse. No te juzgues por eso.
La segunda: hay un momento en el que fingir deja de protegerte y empieza a aislarte. Ese es el peligro real. Porque cuando todos creen que estás bien, nadie te pregunta. Y cuando nadie te pregunta, te convences de que no importas. Y no es verdad.
No tienes que contárselo a todo el mundo. No tienes que dar una rueda de prensa. Pero busca una persona. Una sola. Alguien que te caiga bien, un amigo de hace años, un familiar, un profesional. Y dile algo como: «¿puedo contarte una cosa? Últimamente no estoy bien». Verás que la mayoría de la gente no se asusta. Al contrario: casi siempre respiran aliviados, porque ellos también estaban fingiendo.
Yo lo dije en un bar, con un café, un martes por la tarde. Temblé al decirlo. Y sigo aquí, tomando cafés, con amigos que ya saben cuándo no estoy bien. Se vive mucho mejor así.
Hoy no tienes que contárselo a nadie. Solo tienes que saber que se puede.
Un abrazo desde una oficina que ya no me da miedo,
— Un compañero de trabajo cualquiera
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.