Para ti, que lees esto a las tres de la mañana
Ansiedad e insomnio
Hola:
Si estás leyendo esto a las tres de la mañana, probablemente no sea porque no tengas sueño, sino porque tu cabeza no te deja dormir. Yo conozco esa hora. La conozco muy bien.
A esa hora todo suena definitivo. Los problemas se hacen más grandes, las soluciones desaparecen y una se convierte en la peor versión de sí misma. Pero hay algo que necesito decirte: las tres de la mañana mienten. Mienten bastante. Todo lo que te están diciendo ahora mismo sobre ti, sobre tu vida y sobre lo que va a pasar mañana está distorsionado por el cansancio y por el silencio.
No te pido que lo resuelvas todo esta noche. No te pido que te sientas mejor en cinco minutos. Solo te pido una cosa muy pequeña: no tomes ninguna decisión importante ahora. Ni sobre ti, ni sobre tu vida, ni sobre nada. Deja que pase el amanecer. A las ocho, con luz y con un vaso de agua, las cosas se ven distintas. No perfectas. Distintas. Y distintas ya es un punto de partida.
Mientras llega esa hora, respira. Pon una mano en el pecho y cuenta hasta cuatro al inhalar y hasta seis al exhalar. Es una tontería, ya lo sé. Pero funciona, porque le dice a tu cuerpo algo que tu cabeza no se cree: que ahora mismo estás a salvo.
Mañana, cuando salga el sol, mira lo que has aguantado esta noche. Y cuéntatelo como un mérito, porque lo es.
Con cariño de alguien que también madrugó sin querer,
— Alguien que también ha visto las 3:47
Carta escrita por una persona real y publicada con su permiso.